Categoría: Celebración del día

Santa Teresa de Calcuta, Madre Teresa y fundadora de las Misioneras de la Caridad

Santa Teresa de Calcuta, Madre Teresa, fundadora de las congregaciones de Misioneros y Misioneras de la Caridad, entregó su vida a favor de los más pobres

Hay mujeres que no ocupan palacios y, aun así, el mundo las reconoce. Santa Teresa de Calcuta, santo del día que la Iglesia recuerda cada 5 de septiembre, nació pequeña y caminaba despacio. Se plantó donde nadie quería quedarse: junto al moribundo, al niño abandonado, a la mujer sin nombre. No salió a dar discursos. Salió a lavar heridas y a decirle a Cristo, escondido en el pobre: aquí estoy. Gonxha Inés, la niña de Skopie, se hizo Madre Teresa. Fundó las Misioneras de la Caridad y dejó una lección que duele: el amor no se mide por lo que anunciamos, sino por a quién nos atrevemos a tocar. Quien busca a Jesús en el altar y lo olvida en la calle, todavía no ha entendido esta fiesta.

Fiesta: 5 de septiembre

Martirologio romano: En Calcuta, en la India, Santa Teresa de Calcuta (Inés) Bojaxhiu Gonxha, virgen, que nació en Albania, apagó la sed de Cristo abandonado en la cruz con su inmensa caridad a los hermanos más pobres y fundó la Congregación de la Misión y Misioneras de la Caridad en el servicio completo de los enfermos y los más desfavorecidos.

Biografía de Santa Teresa de Calcuta

Nació el 26 de agosto de 1910 en Skopie. Era la menor de Nikola y Drane Bojaxhiu. En el bautismo recibió el nombre de Gonxha Inés. Hizo la Primera Comunión a los cinco años y medio y fue confirmada en noviembre de 1916.

Desde el día de su Primera Comunión, algo se le quedó clavado: el amor por las almas. Cuando Gonxha tenía unos ocho años, murió su padre de golpe y la casa se quedó estrecha de dinero. Aquella falta no la volvió amarga. La enseñó a mirar a los que también se quedan sin suelo.

Drane crió a sus hijos con firmeza y cariño. Esa madre marcó el carácter y la vocación de la niña. En lo religioso, Gonxha encontró apoyo en la parroquia jesuita del Sagrado Corazón de Jesús.

La pasión misionera de Madre Teresa

A los dieciocho años, en septiembre de 1928, Gonxha dejó su casa e ingresó en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, las Hermanas de Loreto, en Irlanda.

Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa, por Santa Teresa de Lisieux. En diciembre emprendió viaje a la India y llegó a Calcuta el 6 de enero de 1929.

Después de los primeros votos, en mayo de 1931, la destinaron a Calcuta. Enseñó en la Escuela para chicas St. Mary. No buscaba fama. Daba clase, rezaba y se iba haciendo de la ciudad que más tarde la iba a pedir entera.

El 24 de mayo de 1937 emitió la profesión perpetua y se llamó a sí misma “esposa de Jesús para toda la eternidad”. Desde entonces la conocieron como Madre Teresa.

Era mujer de oración concreta. Tenía caridad, coraje y una rara capacidad para organizar sin alboroto. Trabajaba duro. Entre sus hermanas vivió la consagración con fidelidad y con una alegría que no era pose.

La llamada dentro de la llamada

El 10 de septiembre de 1946 iba de Calcuta a Darjeeling para el retiro anual. En ese tren recibió lo que ella llamó su “inspiración”, la “llamada dentro de la llamada”.

Nunca lo explicó del todo. Solo dijo que la sed de amor y de almas se le metió en el pecho, y que saciar la sed de Jesús se volvió el motor de su vida.

Durante meses, entre locuciones y algunas visiones, el Señor le mostró que buscaba víctimas de amor, gente dispuesta a irradiar su cariño. “Ven y sé mi luz”, le suplicó. “No puedo ir solo”.

Jesús le habló del olvido de los pobres, de lo poco que lo conocían y de su gana de ser amado por ellos. Le pidió una congregación dedicada al servicio de los más pobres entre los pobres: las Misioneras de la Caridad.

El 17 de agosto de 1948 se puso por primera vez el sari blanco orlado de azul y cruzó la puerta de Loreto para entrar en el mundo de los que nadie quería.

Primera visita a los barrios pobres

El 21 de diciembre bajó por primera vez a los barrios. Entró en casas, lavó heridas de niños, atendió a un anciano tendido en la calle y cuidó a una mujer que se moría de hambre y de tuberculosis. No empezó con un plan grande. Empezó tocando lo que tenía delante.

Cada mañana se quedaba con Jesús en la Eucaristía y salía con el rosario en la mano. Iba a buscarlo en los no deseados, en aquellos de los que nadie se ocupaba. Al cabo de unos meses, una a una, algunas antiguas alumnas se le fueron uniendo.

Fundación de las Misioneras de la Caridad

El 7 de octubre de 1950, la Archidiócesis de Calcuta erigió de forma oficial la nueva congregación. Al comenzar los años sesenta, la Madre Teresa empezó a enviar hermanas a otras regiones de la India.

En febrero de 1965, el Papa Pablo VI concedió el Decreto de Alabanza. Eso la animó a abrir casa en Venezuela. Detrás vinieron Roma, Tanzania y, poco a poco, los demás continentes. Desde 1980 y a lo largo de los noventa, llegó incluso a países comunistas: la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba.

Para responder mejor a las necesidades y males físicos y espirituales de los pobres, fundó también:

  • Los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963,
  • La rama contemplativa de las Hermanas (1976),
  • Los Hermanos Contemplativos (1979), y
  • Los Padres Misioneros de la Caridad (1984)

Creó los Colaboradores de Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes: gente de distintas creencias y países con los que compartió oración, sencillez, sacrificio y un apostolado hecho de obras humildes. Ese mismo espíritu dio origen más tarde a los Misioneros de la Caridad Laicos.

En 1981, ante el pedido de muchos sacerdotes, inició el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi, un camino pequeño de santidad para quienes quisieran compartir su carisma.

Los premios llegaron. El Padmashri de la India, en 1962, y de modo más ruidoso el Premio Nobel de la Paz, en 1979. Ella los recibió para gloria de Dios y en nombre de los pobres, no para sentarse encima del reconocimiento.

"Existía también otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte".

La oscuridad que ella calló

Por dentro, Madre Teresa cargó un sentimiento largo y áspero: la separación de Dios, a veces incluso la impresión de ser rechazada por Él. Al mismo tiempo, el deseo de su amor no se le apagaba.

Ella llamó “oscuridad” a esa experiencia. Empezó más o menos cuando inició el trabajo con los pobres y la acompañó hasta el final. No la volvió tibia. La fue uniendo más a Dios, aunque por un camino seco.

En esa noche participó de la sed de Jesús y de la desolación de los que nadie consuela. Lo que ellos vivían en la calle, ella lo sostenía en el alma.

En los últimos años, la salud se le fue quebrando. Aun así, siguió dirigiendo el Instituto y atendiendo a los pobres y a la Iglesia. En 1997, las hermanas eran casi 4.000, con 610 fundaciones en 123 países. En marzo de ese año bendijo a la sucesora recién elegida como superiora general.

Muerte de Santa Teresa de Calcuta

Después de verse por última vez con el Papa San Juan Pablo II, volvió a Calcuta. Allí pasó las últimas semanas recibiendo visitas e instruyendo a sus hermanas.

El 5 de septiembre de 1997 se le acabó la vida terrenal. El Gobierno de la India le concedió funeral de Estado. Su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad.

La tumba se llenó pronto de gente que iba a rezar: ricos y pobres, creyentes de distinta extracción. Nadie preguntaba el apellido a la puerta.

Dejó una fe sólida, una esperanza que no se rendía y una caridad que no se quedaba en el discurso. Su respuesta al “Ven y sé mi luz” la hizo misionera de la caridad, madre de los pobres y testigo de la sed de Dios.

A menos de dos años de su muerte, por la fama de santidad y por los favores que se le atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió abrir la Causa. El 20 de diciembre de 2002 aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por su intercesión.

Fue beatificada el 19 de octubre de 2003 por San Juan Pablo II, en una ceremonia multitudinaria en el Vaticano, apenas seis años después de morir.

Canonización de la Madre Teresa de Calcuta

En un consistorio de marzo de 2016, convocado por el Papa Francisco, se aprobó su canonización. El 4 de septiembre de ese año, en Roma, durante la misa dominical y en pleno Año de la Misericordia, la Iglesia la declaró santa.

En vida ya era un signo de la misericordia concreta de Dios. A través de las obras de misericordia, corporales y espirituales, acercó el amor de Cristo a gente que nadie miraba.

Al canonizarla, la Iglesia la pone como intercesora de quienes quieren encender caridad y paz. Puede tomarse también como modelo de santa patrona de los que más necesitan misericordia.

Su ejemplo empuja a dar el corazón y las manos, empezando por los de casa. No hay que esperar un viaje lejano para imitarla.

"De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús". (Santa Teresa de Calcuta)

4 datos sobre Santa Teresa de Calcuta

1. Gonxha significaba capullo de rosa

Gonxha, en albanés, significa capullo de rosa o flor pequeña. El nombre le quedó corto y le quedó grande al mismo tiempo. Nació en Skopie el 26 de agosto de 1910, en una familia cristiana que rezaba y sufría. Perdió a su padre siendo niña y la estrechez entró en casa. Aquella herida no la cerró en amargura. La fue preparando para mirar a otros que también se quedaban sin suelo bajo los pies.

2. El Nobel que no quiso banquete

En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz. No lo tomó como un adorno personal. Pidió que cancelaran el banquete oficial y que ese dinero se destinara a los pobres. En su discurso habló del aborto y de la soledad de los que nadie visita. El mundo aplaudía a una monja diminuta. Ella devolvía el aplauso a Cristo escondido en el que no tiene voz.

3. El tumor que desapareció en Bengala

El milagro reconocido para su beatificación ocurrió en 1998. Mónica Besra, de Bengala, sufría un tumor abdominal. En una casa de las Misioneras de la Caridad le aplicaron sobre el vientre una medalla que había estado junto a la Madre Teresa. La masa desapareció. Los médicos no hallaron explicación suficiente. Aquel favor abrió el camino para que San Juan Pablo II la proclamara beata el 19 de octubre de 2003.

4. Casi cincuenta años de sequedad interior

Durante casi cincuenta años soportó una sequedad interior que ella misma llamó oscuridad. No lo publicó en vida. Se supo después, al leerse sus cartas. Rezaba, trabajaba y sonreía mientras sentía a Dios lejos. Esa noche no la apartó de los pobres: la metió más adentro de la sed de Jesús. Compartió por dentro lo que ellos padecían por fuera: la sensación de no ser queridos.

El amor que se agacha

A veces queremos una fe limpia, sin olores de calle. Santa Teresa de Calcuta nos deja otra ruta. El amor se vuelve verdadero cuando se agacha. Jesús lo dijo con claridad: cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo. Hoy no hace falta irse a Calcuta para empezar. Basta con no pasar de largo junto a quien tienes cerca.

Oración a la Madre de los pobres

Señor Jesús, que llamaste a Santa Teresa de Calcuta a saciar tu sed en los más pobres, enséñanos a no tener miedo de las heridas ajenas. Danos ojos para verte en el que nadie visita, manos para servir sin calcular y un corazón que no se esconda detrás de palabras bonitas. Por su intercesión, saca de nosotros la prisa y la dureza. Que sepamos hacer cosas pequeñas con gran amor, sostener a quien se cae y rezar cuando no sentimos nada. Quédate con las familias rotas, con los enfermos olvidados y con quien carga una noche larga. Madre Teresa, ruega por nosotros. Amén.

Hay un pobre cerca de ti

Hoy no te pido un viaje lejano. Te pido algo más cercano: que no pases de largo. Hay un pobre cerca de tu casa, de tu parroquia o de tu propia familia.

Sirve con lo que tengas a mano. Un vaso de agua, una visita, un rato de escucha. Ahí empieza la misma caridad que ella vivió.

Si esta fiesta te dejó inquieto, no lo dejes pasar. Pregúntate con honestidad: ¿a quién he evitado esta semana? Santa Teresa de Calcuta, santo del día y madre de los pobres, sigue empujando esa pregunta. Respóndela con las manos, no solo con el pensamiento.

❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre la vida de Santa Teresa de Calcuta

Nació el 26 de agosto de 1910 en Skopie y fue bautizada Gonxha Inés Bojaxhiu. Gonxha significa capullo de rosa. A los dieciocho años dejó su casa, entró con las Hermanas de Loreto en Irlanda y partió a la India. Llegó a Calcuta el 6 de enero de 1929. Allí enseñó, profesó y más tarde salió a las calles. Murió el 5 de septiembre de 1997, día de su fiesta.

El 10 de septiembre de 1946, camino de Darjeeling, sintió la llamada dentro de la llamada. Jesús le pidió: Ven y sé mi luz. Quería almas que consolaran su sed en los abandonados. Esa voz la empujó hacia los más pobres entre los pobres. El Evangelio lo dice sin rodeos: cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo (Mt 25,40).

El milagro reconocido para la beatificación fue la curación de Mónica Besra, en 1998, de un tumor abdominal. El de la canonización correspondió a Marcilio Haddad Andrino, ingeniero brasileño con abscesos cerebrales graves, sanado en 2008. San Juan Pablo II la beatificó el 19 de octubre de 2003. El Papa Francisco la canonizó el 4 de septiembre de 2016, durante el Año de la Misericordia.

Porque su caridad no fue un gesto de un día. Recogió a moribundos, abrió casas en barrios y países difíciles y sostuvo esa obra en medio de una noche interior larga. El Catecismo recuerda que las obras de misericordia socorren al prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Ella las puso en la calle. Por eso el mundo entero todavía se detiene ante su sari blanco orlado de azul.

Santos de la semana

Adaptación, contenido agregado y edición: Qriswell Quero, Con información extraida de: Vatican.va
Biografía, celebraciones y Fiestas de la Iglesia

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

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