Fiesta del Santo Nombre de María: nombre de salvación y escuela de santidad
La Fiesta del Santo Nombre de María es nombre de salvación para los regenerados, escuela de santidad: El Nombre de María es un nombre completamente maternal
Hay nombres que se dicen y se olvidan. El de María no. Cuando alguien lo pronuncia con fe, el miedo pierde volumen y vuelve a habe morada para Dios. La Fiesta del Santo Nombre de María, memoria del 12 de septiembre, no es un adorno del calendario: es detenerse en una palabra que ha sostenido a madres, enfermos y pecadores. Lucas lo apunta sin adorno: «Y el nombre de la virgen era María» (Lc 1,27). De una capilla en Cuenca a la Viena sitiada, ese nombre ha sido auxilio y victoria para todos los cristianos que han invocado su auxilio. Quien lo junta al de Jesús encuentra puerto seguro donde aparcar. No se trata de repetir una fórmula, sino de decir, María, cómo se dice madre. El Santo Nombre de María es el camino más corto hacia su Hijo.
En la Fiesta del Santo Nombre de María, la Iglesia no venera un sonido bonito de un simple nombre. Venera a la persona que ese nombre señala: la Madre que une a Dios con los hombres. Invocar «María» es pedir su presencia, su intercesión y su escuela de obediencia. Quien lo pronuncia con fe entra en la confianza del Magnificat y se deja llevar al Hijo. El Santo Nombre de María no sustituye el de Jesús: lo prepara y lo acompaña.
La Fiesta del Santo Nombre de María, también conocida como Santísimo Nombre de María, es un memorial opcional del calendario litúrgico el 12 de septiembre. Es fiesta universal del Rito Romano desde 1684, cuando el papa Inocencio XI la incluyó en el Calendario Romano General para conmemorar la victoria en la Batalla de Viena de 1683. Fue retirada del calendario general en la reforma posterior al Concilio Vaticano II y restaurada por el papa san Juan Pablo II en 2002, junto con la Fiesta del Santo Nombre de Jesús.
Fiesta: 12 de septiembre
Ha sido Lucas, en su evangelio, quien nos ha dicho el nombre de la doncella que iba a ser Madre de Dios: «Y el nombre de la virgen era María». María (Miriam) significa doncella, señora, princesa; proviene del hebreo.
El Santo Nombre de María
Hoy, 12 de septiembre, la Iglesia celebra esta fiesta para mostrarnos lo bueno que es invocar su santo nombre en las necesidades, en las dificultades y también en las acciones de gracias.
El Santo Nombre de María, con el que honramos a la Santísima Virgen, significa «Estrella del Mar». San Bernardo dice: «Este nombre es muy bien recibido por ella, porque es una estrella que ilumina, guía y nos lleva a un puerto en el mar tempestuoso de este mundo».
Esta fiesta se celebró por primera vez en Cuenca, España, en el año 1513; luego se extendió a la Iglesia universal y fue fijada en su lugar actual por el papa Inocencio XI, en 1683, en acción de gracias a Dios y a la Santísima Virgen por la liberación de Viena y la victoria del 12 de septiembre de 1683.
A María se la conoce con muchos nombres: Estrella del Mar, feliz Puerta del cielo, como canta el himno Ave maris stella. El nombre de María está relacionado con el mar, pues las tres letras de mar guardan semejanza fonética con María.
También tiene relación con «mirra», que proviene de un idioma semita. La mirra es una resina de África que produce perfume. Los Magos ofrecen mirra como signo de adoración. La mirra, como María, habla de la unión de los hombres con Dios, que se hace en su seno. María es, pues, el lugar donde Dios se acerca de veras a nosotros.
«El nombre de María, es nombre de salvación para los regenerados, señal de todas las virtudes, honra de castidad; es el sacrificio agradable a Dios; es la virtud de la hospitalidad; es la escuela de santidad; es, por fin, un nombre completamente maternal» (San Pedro Crisólogo).
El nombre de María y la misión
En la Historia de la Salvación, es Dios quien impone o cambia el nombre a quienes destina a una misión grande. A Simón, Jesús le dice que se llamará Kefá, Pedro, piedra, porque sobre esa roca edificará su Iglesia.
María venía al mundo con la misión más alta, ser Madre de Dios, y, sin embargo, no le cambia el nombre. Se llamará, simplemente, María, el nombre que ya tenía, y cumple todos esos significados, pues como Reina y Señora la llamarán todas las generaciones. El Santísimo Nombre de María sería invocado para siempre.
María, joven, mujer, virgen, ciudadana de su pueblo, esposa y madre, esclava del Señor. Dulce mujer que recibe a su niño en lo más pobre, lo envuelve en pañales y lo acuna.
María, valiente, que no teme huir a Egipto para salvar a su hijo. Compañera de camino, firme al interceder en Caná. Mujer fuerte, con el corazón atravesado al pie de la Cruz, recibiendo en sus brazos el Cuerpo de su Hijo. El Santo Nombre de María es fortaleza en el camino.
María fue sostén de la Iglesia en sus primeros pasos, con una maternidad abierta a toda la humanidad. María, humana. María, decidida y generosa. María, fiel y amiga. María, fuerte y confiada. María, Inmaculada, Madre, Estrella de la Evangelización.
El Santo Nombre de María es bendición
Aprovechemos el consejo de San Bernardo de Claraval sobre invocar el Santísimo Nombre de María:
"En los peligros, en las angustias, en las dudas, invoca a María. Que no se te caiga de los labios, que no se te quite del corazón" En todos los peligros de perder la gracia divina, pensemos en María, invoquemos a María junto con el nombre de Jesús, que siempre han de ir estos nombres inseparablemente unidos. No se aparten jamás de nuestro corazón y de nuestros labios estos nombres tan dulces y poderosos, porque estos nombres nos darán la fuerza para no ceder nunca jamás ante las tentaciones y para vencerlas todas. Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los devotos del nombre de María, como lo dio a entender a santa Brígida hablando con su Madre santísima, revelándole que quien invoque el nombre de María con confianza y propósito de la enmienda, recibirá estas gracias especiales: un perfecto dolor de sus pecados, expiarlos cuál conviene, la fortaleza para alcanzar la perfección y al fin la gloria del paraíso. Porque, añadió el divino Salvador, son para mí tan dulces y queridas tus palabras, oh María, que no puedo negarte lo que me pides".
María, nombre terrible para los demonios
Citamos estas fervorosas palabras del venerable Tomás de Kempis, respecto del glorioso nombre de la Madre de Dios:
"Los espíritus malignos tiemblan ante la Reina de los Cielos, y huyen como se corre del fuego al escuchar su santo nombre. A los demonios les causa pavor el santo nombre de María, muy terrible para ellos, pero que para el cristiano es en extremo amable y es constantemente celebrado. No pueden los demonios comparecer ni pueden poner en juego sus artimañas donde ven a resplandecer el nombre de María. Como el trueno que resuena en el cielo, así caen derribados al escuchar el Santo Nombre de María. Y cuanto más a menudo se profiere este nombre y más fervorosamente se invoca, más rápido y más lejos se escapan".
Promesas al invocar el Santo Nombre de María
Son muy consoladoras las promesas de ayuda hechas por Jesucristo a los que tienen devoción al Santísimo Nombre de María. Pues un día, al oír a Santa Brígida, prometió a su Santísima Madre que concedería tres gracias especiales a los que invocan con confianza ese santo nombre:
- Primero: Les concedería un perfecto dolor por sus pecados.
- Segundo: sus crímenes serían expiados.
- Tercero: Les daría fuerza para alcanzar la perfección y, finalmente, la gloria del paraíso.
Luego de esto, nuestro Señor Jesucristo le dijo: «Porque tus palabras, oh Madre mía, son tan dulces y agradables para mí, que no puedo negar lo que me pides».
El Nombre de María y los santos
San Efrén llega a decir que «el Santísimo Nombre de María es la llave de las puertas del cielo», en las manos de aquellos que lo invocan devotamente. Y así no es sin razón que San Buenaventura dice «que María es la salvación de todos los que la invocan». En otra ocasión, el mismo San Buenaventura diría: «Bendito el hombre que ama tu nombre, oh María. Sí, verdaderamente bendito es el que ama tu dulce nombre, ¡oh Madre de Dios!, porque, continúa, tu nombre es tan glorioso y admirable, que nadie que lo recuerde tiene miedo a la hora de la muerte».
«¡Oh Santo Nombre de María! ¡Alegría en el corazón, miel en la boca, melodía al oído de sus devotos clientes!», escribiría el santo de todo el mundo, San Antonio de Padua, en el año 1231.
«¡Oh, dulce nombre! Oh, María, qué debes ser tú, ya que solo tu nombre es tan amable y gentil», exclama el Beato Enrique Suso.
El muy devoto de la Virgen María, San Alfonso María de Ligorio, expresaría lo siguiente: «Después del santísimo nombre de Jesús, el nombre de María es tan rico en todo lo bueno, que en la tierra y en el cielo no hay otro, del que las almas devotas reciban tanta gracia, esperanza y dulzura.»
Aprovechemos, pues, siempre el consejo de San Bernardo: «En los peligros, en las perplejidades, en los casos dudosos, piensa en María, invoca a María; que no salga de tus labios, que no se aparte de tu corazón».
4 datos csobre el Santo Nombre de María
1. Empezó en una diócesis española, no en un concilio
En 1513, la diócesis de Cuenca obtuvo de León X permiso para celebrar el Dulce Nombre de María. No nació en un aula ruidosa, sino en una Iglesia local que ya amaba ese nombre. De aquella capilla española la devoción pasó a otras diócesis. Dos siglos después, Viena le daría alcance universal. Lo pequeño, cuando es sincero, acaba llegando lejos.
2. Viena se salvó con una misa y una carga a caballo
El 12 de septiembre de 1683, Juan III Sobieski oyó misa, encomendó el ejército a María y cargó contra un enemigo más numeroso. Al vencer, escribió al Papa: «Vine, vi, Dios venció». Inocencio XI extendió la fiesta a toda la Iglesia. No fue propaganda. Fue gratitud de un pueblo que había pedido auxilio y lo había recibido con un nombre en los labios.
3. Desapareció del misal y volvió en 2002
Tras la reforma litúrgica, la memoria salió del calendario general. En 2002, san Juan Pablo II la restauró junto a la del Santo Nombre de Jesús. El Papa polaco sabía lo que aquella fecha significaba para Europa. Devolver el nombre de María al misal no fue nostalgia: fue recordar que la Iglesia no puede olvidar a la Madre sin empobrecerse.
4. Los santos lo trataron como llave, no como adorno
San Alfonso María de Ligorio enseñó que, después del nombre de Jesús, ningún otro da tanta esperanza y dulzura. San Antonio de Padua lo llamó alegría del corazón y miel en la boca. Tomás de Kempis afirma que los demonios huyen al oírlo. Los santos no coleccionaban frases. Habían comprobado, en la oración de cada día, que ese nombre abre camino.
Un nombre que se queda en los labios
Decir María no es un adorno piadoso. Es pedir que la Madre esté cerca cuando el día se pone turbulento. El Evangelio no la presenta como una idea: la presenta con un nombre propio, junto a Jesús. Quien la invoca aprende a escuchar otra vez: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Ahí empieza la paz.
Oración al Santo Nombre de María
Estrella del Mar, hoy veneramos tu santo nombre con sencillez de hijos. Agradecemos a Dios todos los privilegios que le ha complacido otorgarte: tu santa e inmaculada concepción, tu alma pura y libre de toda mancha, tus virtudes del silencio, tu perpetua virginidad, la morada del Hijo de Dios en tu vientre, tu dignidad de Madre de Cristo, tu gozo de ser Madre de la Iglesia y tu elevación como Reina en el cielo. Nos alegramos de estas señales de gracia y damos gracias porque el Padre nos ha dado una Madre tan pura, cercana y santa. En esta fiesta, acuérdate de tus hijos que todavía cruzan el desierto. Danos auxilio cuando empecemos a flaquear, levántanos cuando tropecemos y llévanos en brazos cuando caigamos. Intercede siempre por nosotros y déjanos sentir tu ayuda en lo de cada día y en lo que parece no tener arreglo. Encomiéndanos a tu Hijo, para que le agrademos en lo que hacemos, en lo que callamos y en lo que todavía no sabemos pedir. Santo Nombre de María, no te apartes de nuestros labios ni de nuestro corazón. Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo y nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Di su nombre aunque te falte el aliento
Si hoy el corazón va cargado, no esperes a tener las palabras perfectas. Di solo María, despacio, como quien llama a la puerta de casa.
Junta ese nombre al de Jesús y déjalo en los labios todo el día. Ella no se cansa de escuchar a quien la busca de verdad.
Hay días en que no sabemos rezar. Entonces basta un nombre. ¿Te atreves a repetir hoy, con fe sencilla, el Santo Nombre de María hasta que el alma se aquiete?
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❓ FAQ: Preguntas frecuentes sobre el Santo Nombre de María
Se celebra la Fiesta del Santo Nombre de María, memoria litúrgica. Nació en Cuenca en 1513 y el papa Inocencio XI la extendió a toda la Iglesia tras la victoria de Viena en 1683. No es un adorno del santoral. Es detenerse en el nombre que Dios quiso para la Madre. «Y el nombre de la virgen era María» (Lc 1,27). Quien lo invoca pide su compañía.
En hebreo, María (Miriam) evoca señora y princesa; la tradición cristiana la llama estrella del mar. San Bernardo dice que ilumina y lleva a puerto. San Pedro Crisólogo afirma que es nombre de salvación, escuela de santidad y nombre maternal. No hay magia en las sílabas. Hay una persona: la Madre que conduce a Cristo, como en Caná y al pie de la Cruz.
No. El Catecismo enseña que "la devoción a la Virgen es parte del culto cristiano y que Ella no disminuye la mediación de Cristo, sino que la muestra" (cf. CIC 971). El nombre de María camina unido al de Jesús. Por eso San Bernardo pide que no se aparte de los labios ni del corazón. Llamar a la Madre es llegar antes al Hijo, no sustituirlo.
Se invoca en peligros, dudas y acciones de gracias, como enseña San Bernardo. Jesús prometió a santa Brígida dolor sincero del pecado, fuerza para enmendarse y esperanza de gloria a quien lo pronuncie con confianza. No basta decirlo deprisa. Hace falta propósito de conversión. Dicho con fe, ese nombre da paz y despeja lo que oscurece el alma.
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Venezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.





